
Viajante por naturaleza, a Miguel ese 1939 lo sorprendió en la ciudad de Buenos Aires, en la Argentina, mientras los nazis arrasaban Europa. Miguel, judío de pura sepa intuía que en su casa ubicada al sur de Varsovia, en Polonia, su familia no la estaría pasando nada bien.
Tres años atrás, Migue había cosechado una medalla para su país en las Olimpiadas de Berlín, y por ende conocía el poderío alemán. Los estragos de muerte de manos del nazismo (Doc 9) repercutían en todo el mundo. A los 30 años de edad, Miguel perdía a su joven mujer, a sus pequeños hijos, a sus padres y sus hermanos. La fatal noticia lo sorprendió en esa Buenos Aires de la Década Infame (Doc 9), ciudad en la que se desarrollaba la VIII Olimpiada de Ajedrez, en la que Migue representaba a Polonia. La soledad lo invadió. Entendió que la vida golpea duro cuando quiere. Lloró, se deprimió. Decidió quedarse a vivir en la Argentina (Doc9), y adoptar esa nacionalidad. Miguel se refugió en lo único que tenía, en aquello que le permitió conocer lugares, representar a su país… el ajedrez, que es un deporte para algunos o uno de los juegos de mesa más populares del mundo, una especie de resumen de una guerra, un arte, una ciencia en el cual dos personas se enfrentan. El ajedrez fortalece el intelecto. Desarrolla la paciencia, el concepto del estratega, de la inteligencia. Dicen que fue llevado a España por los árabes, cerca del año 1200. La primera referencia en Occidente es el Libro de los Juegos, mandado hacer en el s. XIII por Alfonso X el Sabio.
Sea como sea, Miguel aprendió a leer y hablar español y se radicó en la capital argenta. Luego se mudó a la ciudad de Mar del Plata. Representaba a la Argentina en competencia que fuere. Compitió con los mejores ajedrecistas del mundo como Boris Spassky, David Bronstein , Mark Taimanov y los juveniles Bobby Fisher y Anatoly Karpov.
En octubre de 1943 estableció el primer record mundial de partidas simultáneas a ciegas en la ciudad de Rosario, en la sede del Círculo de Obreros, jugando contra 40 tableros. Con la camiseta argentina, en enero del 1947 en San Pablo, Brasil, y ante representantes internacionales, Miguel superó su propio record al enfrentarse a 45 tableros y 83 participantes que eran relevados a medida que se cansaban.
En 1948 conoció a una mujer argentina de la que se enamoró. Vinieron los hijos, luego los nietos. Y siempre el ajedrez. Compitió en todas partes del mundo. En 1964, el flamante gobierno de Fidel Castro, en Cuba, lo invitó a participar de un destacado torneo. Miguel, les ganó a todos, lo que valió la categoría de Gran Maestro Internacional.
Pero Miguel tuvo un desafiante, alguien que desde su mirada de niño, quedó sorprendido con sus jugadas en ese torneo en la Buenos Aires de 1939; ese año que tanto cambió la vida de Miguel. Ahora ese pibe era el ministro de Industria de Cuba, el Comandante Ernesto “Che” Guevara que como Miguel tomó otra tierra como su familia. Al líder argentino le fascinaban todos los deportes. Pero el ajedrez era su favorito. Ni la Revolución ni sus responsabilidades como dirigente de la flamante Cuba pudieron apartar al Che del ajedrez. Era famoso su tablero, en medio de armas y sus instrumentos de médico en plena batalla para liberar al pueblo cubano. Al que tenía de “hijo” era el propio Fidel Castro, con su partida de jaque mate en tres jugadas.
Pero con Miguel no pudo. Se hicieron amigos en ese torneo de La Habana denominado Capablanca.
La historia es conocida. Guevara no pudo seguir su camino. Miguel siguió llevando la bandera argentina a todos lados. Conoció a líderes como Nikita Kruschev, John Kennedy, el mariscal Tito, Fidel Castro, Juan Domingo Perón, entre otros. Desde el diario Clarín publicaba notas sobre como jugar al ajedrez.
“He sufrido mucho en mi vida, pero este gran país que es la Argentina me recibió, me dio una familiar, un lugar. Soy polaco, pero amo a la Argentina como al ajedrez”.
Miguel Najdorf fue el mejor de todos. El ajedrez, ese juego tan particular, fue su vida.
Murió en 1997 en Málaga, España, a los 88 años edad. Había viajado para representar a a su país, la Argentina… este Apunte es para usted, don Miguel, su recuerdo late en cada partido de ajedrez.















