27/1/13

Sueños peloteros



Jordi nació en Cafyate, en la provincia argentina de Salta. Aunque escasas fueron las veces que salió de la ciudad en la que creció. Ni siquiera para conocer la ciudad capital, la más precolombina de este lado de América sureña. Recién cuando su pasión por el fútbol lo llevó a recorrer gran parte de la provincia cuando fichó para el club General Guemes en la Liga Salteña de Fútbol.Jordi tiene una valija cargada de sueños. En cada cancha que se presenta se imagina cuando llegue el momento de probarse en un club grande Buenos Aires. Jordi es de Boca por transmisión paterna pero más por las luces azul y amarillo que iluminaron su infancia cuando el entonces equipo dirigido por Carlos Bianchi, con el gran goleador Martín Palermo y el estratega Riquelme, conquistaron las Copas Libertadores e Intercontinental y en el viaje federal emprendido para mostrar el trofeo al país, estuvieron en Salta y ante miles de ojos como los de Jordi.
La idea es juntar un poco más de dinero, bancarse los casi dos días de viaje en micro y aguardar que el Gringo, un amigo de su padre, este en su casa para bancarlo. El lugar es estratégico porque el Gringo vive en el centro de la Ciudad capital, no tan lejos del predio en La Paternal donde Boca hace algunas de las pruebas. En el proyecto también esta otro grande: probar suerte en la sede que "Tita", predio deportivo que lleva el nombre de esa mujer que ofició de madre y abuela de tantos jugadores en las pensiones del Racing Club de Avellaneda. Tita fue una trabajadora que con tanto amor forjó jugadores pendulando desde  los campeones del 66 hasta la camada del “Piojo” López y el "Nacho" González, hasta los los hacedores del campeonato logrado tras décadas Apertura 2001. Pero Jordi desea que la hinchada de Boca lo ame, como a un amor a primera vista y para siempre, sin reservas ni ambigüedades, como solo un amor se da en la vida: jugar para siempre en el club de sus amores. Como el “Bocha” Bochini” (doc9) en Independiente.

El día de la prueba llegó. La mirada es ante Roberto “Tito” Pompei, quien supo ser un diez auténtico de los de antes, con una época maravillosa en el Vélez de Bianchi del 93 y 96 que no pudo repetir el mismo camino en su etapa como volante del Boca dirigido por Carlos Bilardo, ese que contaba ni más ni menos con el gran Diego Maradona y el jugador que según el maestro Víctor Hugo Morales (Doc9), es el del “medio” entre el Diego y los demás. Al menos hasta la llegada del implacable Leo Messi.
Pompei hizo jugar a Jordi  desde el inicio por su calidad como por sus credenciales de ya ser un jugador profesional en la Liga salteña. A los 20 minutos ya había marcado dos goles. El primero, a los 7, una joyita. Desborde por derecha en el ángulo del área, posición de ocho, remate alto al ángulo del primer palo. El segundo fue una doble pared con el 9 y toque por un costado del arquero.
Un hincha de muchos partidos presenciados y más años balbuceó al ver en acción al Jordi: “si ese chico juega siempre así, dentro de muy poco va a ser el mejor jugador argentino, otra que Maradona o Messi”.
Jordi es de esos jugadores que cuando encara con la pelota dominada es imparable. Primero porque maneja con igual soltura los dos perfiles; así su marcador nunca sabe si va a arrancar por izquierda o por derecha. Segundo, lleva la pelota con la pierna derecha o con la zurda con igual precisión. Por lo tanto, si va a encarar por afuera o por adentro, es tan rápido para cambiar en milésimas de segundo su perfil que suele congelar al rival mirándole el número de la camiseta. Además, le pega muy bien a la pelota desde cualquier posición, y cabecea con un estilo Martín Palermo aprovechando su metro ochenta de altura. Un alto habilidoso rara avis de encontrar.
Hace casi dos décadas y poco más, no se pagaba por jugar al fútbol. Estaban los potreros, tugurios formados al calor de la pelota improvisada en una plaza, en un baldío, en un terreno en desuso, en  la calle. La globalización, la expectativa de vida, la histeria tecnología, todos conectados en el mundo infinito de la Internet generaron construcciones, invasiones de millones de autos que se ramifican sin parar por todas las calles y avenidas que atentaron con esos potreros. Quien esto Apunta fue con sus amigos de la infancia, uno de los últimos mohicanos del potrero ubicado en la esquina porteñas y barraquenses de las arterias Suarez y General Hornos.
Jordi ya palpita esa Bombonera única seducida por su manejo en el empeine, la gambeta hecha de amague y pisada. Tiene el estima alto sin pecar de soberbio. Es un duro que no pierde la ternura parafraseando a Ernesto “Che” Guevara, un fanático del hoy deslucido Rosario Central.  Porque Jordi no la tiene atada; nació con una pelota en el pie, como dice el gran escritor americano Eduardo Galeano del argentino Messi; que bebió el fútbol en los senos de su madre, redondos como las dos primeras número cinco que tuvo ante sus ojos...que sueña con ser otro Maradona.

¿Tendrá suerte Jordi?...
 


1 comentario:

Eze dijo...

Muy bueno Doc, nos tenes que seguir diciendo que pasó con Jordi