
Los registros de la historia dicen que la primera vez que apareció la palabra homosexualidad fue en la Prusia de 1869. Prusia, país hoy inexistente, abarcaba el territorio ubicado en las costas del mar Báltico, que terminaría dando origen a un gran Estado de Europa, precursor de la actual Alemania. La homosexualidad es una orientación sexual que sería algo así como la atracción romántica hacia personas del mismo sexo, un término que el prusiano Karl Maria Kertbeny dio a conocer tras fusionar el término griego homo (igual) con la palabra sexo. Pero siempre que se aprieta por un lado se explota por otro. Y así se despertaron los odiosos de siempre, esos que desprecian a los homosexuales. El término homofobia es de vieja data, incluso de tiempos en que la Biblia cuestionaba la historia de esas ciudades repletas de “degenerados”, Sodoma y Gomorra. Los homofóbicos repudian, sienten miedo, prejuicio y discriminación hacia esas personas que se sienten atraías por las del propio sexo. La combinación es letal: otra vez el griego homo + fobia (miedo).
En la Cuba de Fidel Castro apenas iniciada la Revolución, que puso fin a los negociados de Fulgencio Batista, la homosexualidad fue declarada delito aberrante. Pasarían décadas para su despenalización y la toma de conciencia de Comandante Castro. En 1959, el gobierno revolucionario cubano promulgó una batería de decretos que consiguieron mejorar la calidad de de vida en el país, abriendo un proceso de expropiaciones y nacionalizaciones que afectaron fuertemente a la clase alta y a las empresas del enemigo declarado: los Estados Unidos. En abril de 1961, en una de las últimas medidas de su gobierno antes de entregar el poder a John F. Kennedy, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower cortó las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, con ataques de aviones yanquis al pueblo cubano de Bahía de Cochino incluido. Nacía así, un odio irreconciliable entre ambos países. Aunque algo hermanaba a sectores mayoritarios de ambas sociedades de esos países americanos: el odio por los homosexuales. El boxeo no fue la excepción. También fue salpicado por esas broncas y prejuicios.
“Yo soy un hombre criado en las duras zafras de Cuba. No tengo nada que ver con la política de mi país. No me interesa ni Fidel Castro ni el Che Guevara. Tampoco lo que diga el gobierno de los Estados Unidos. Lo único que si sé, es que voy a ganar, porque tú eres una mariquita que le gustan los muchachos”.
Con esa palabras se disparó el boxeador cubano Bernardo “Benny Kid” Paret, minutos previos a la pelea por el titulo mundial de welter que ese 3 de abril de 1962, volvería a disputar con el estadounidense Emile Griffith y así comenzar a sentenciar su destino. Paret, se burlaba de su rival, el moreno Griffith, un púgil veloz que combinaba su tiempo entre el gimnasio y en diseñar sombreros para damas. Para esa época, los combates Paret vs Griffith eran un clásico. Ese día fatal el cubano Paret expondría por segunda vez su cinturón de campeón frente a Griffith, quien lo había perdido en el 61. Esta era su revancha. El boxeo es un deporte de códigos. Lo que nace en el ring, termina en el ring. Esa vez, Griffith no perdonaría que su eterno rival se entrometiera con su sexualidad. Más en esos tiempos homofóbicos al por mayor. Los cronistas deportivos conocían la rivalidad que existía entre los dos boxeadores.
Cuando Paret dijo lo que dijo; el púgil norteamericano no dio vueltas: “Esta vez no sólo voy a ganarte; voy a matarte”.
Siete mil 500 espectadores estaban presentes. El Madison Square Gardens explota.
Hasta el sexto round todo estaba a favor de Griffith, pero Paret no se daba por vencido. Era la guerra. Hasta que el norteamericano, sediento de venganza por recuperar el titulo pero más, por sentirse humillado a divulgarse su sexualidad, golpea a Paret con un potente gancho en la mandíbula. Una lluvia de puños fueron sucediéndose en el rostro del cubano. El referí, Ruby Goldstein, no paraba la pelea… dicen que el fantasma de muerte siempre ronda por los cuadriláteros. Sin embargo, hubo más muertos en el automovilismo, en el civilismo, en el rugby. Desde la óptica del Derecho, si un boxeador muere en un combate, podría haber lugar a una demanda civil, a lo que se conoce como la pérdida de la chance, que no es otras cosa que equiparar cuanto hubiera dado en dinero y otros factores la vida del fallecido. Es difícil de comprobar.
Sucede que tampoco se puede demandar por lesiones ya que no morir en el ring, si se respeta el reglamento, no configura en delito.
La victoria de Griffith fue recibida en silencio. Paret fue sacado moribundo en camilla. Tieso, pálido en su piel morena y cubana. En el hospital Roosevelt le diagnosticaron conmoción cerebral. La operación duró más de dos horas. Paret murió a los pocos días. Dicen que es difícil descifrar que se entiende por nocaut, que en realidad se sabe muy poco acerca de qué es. Paret falleció a causa de un traumatismo encéfalo craneano menor en el cerebro. Esto suele ocurrir cuando la cabeza se mueve muy rápidamente debido a un golpe recibido.
Griffith dijo que no sabía que la pelea había terminado. Aceptó que estaba dominado por la furia: “Paret me insultó”.
La culpa es un elemento de carácter legal que se comete por negligencia, -que es hacer de menos- o impericia o imprudencia,-que es hacer de más-.
Hace meses atrás, Griffith, La Pantera Negra, ahora de casi 70 años de edad, recordando la muerte de Paret, dijo que el referí debió para el combate. Alejado del boxeo desde que el argentino Carlos Monzón lo vencieran en el año 1973, -década de oro del boxeo mundial –confesó su condición de homosexual hace diez años atrás. Dicen que al primero que le contó ese secreto a voces fue a su ahijado Benny, el hijo de Bernardo “Benny Kid”... cosas lindas del boxeo, y de la Pantera Negra… y algo Rosa.
En la Cuba de Fidel Castro apenas iniciada la Revolución, que puso fin a los negociados de Fulgencio Batista, la homosexualidad fue declarada delito aberrante. Pasarían décadas para su despenalización y la toma de conciencia de Comandante Castro. En 1959, el gobierno revolucionario cubano promulgó una batería de decretos que consiguieron mejorar la calidad de de vida en el país, abriendo un proceso de expropiaciones y nacionalizaciones que afectaron fuertemente a la clase alta y a las empresas del enemigo declarado: los Estados Unidos. En abril de 1961, en una de las últimas medidas de su gobierno antes de entregar el poder a John F. Kennedy, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower cortó las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, con ataques de aviones yanquis al pueblo cubano de Bahía de Cochino incluido. Nacía así, un odio irreconciliable entre ambos países. Aunque algo hermanaba a sectores mayoritarios de ambas sociedades de esos países americanos: el odio por los homosexuales. El boxeo no fue la excepción. También fue salpicado por esas broncas y prejuicios.
“Yo soy un hombre criado en las duras zafras de Cuba. No tengo nada que ver con la política de mi país. No me interesa ni Fidel Castro ni el Che Guevara. Tampoco lo que diga el gobierno de los Estados Unidos. Lo único que si sé, es que voy a ganar, porque tú eres una mariquita que le gustan los muchachos”.
Con esa palabras se disparó el boxeador cubano Bernardo “Benny Kid” Paret, minutos previos a la pelea por el titulo mundial de welter que ese 3 de abril de 1962, volvería a disputar con el estadounidense Emile Griffith y así comenzar a sentenciar su destino. Paret, se burlaba de su rival, el moreno Griffith, un púgil veloz que combinaba su tiempo entre el gimnasio y en diseñar sombreros para damas. Para esa época, los combates Paret vs Griffith eran un clásico. Ese día fatal el cubano Paret expondría por segunda vez su cinturón de campeón frente a Griffith, quien lo había perdido en el 61. Esta era su revancha. El boxeo es un deporte de códigos. Lo que nace en el ring, termina en el ring. Esa vez, Griffith no perdonaría que su eterno rival se entrometiera con su sexualidad. Más en esos tiempos homofóbicos al por mayor. Los cronistas deportivos conocían la rivalidad que existía entre los dos boxeadores.
Cuando Paret dijo lo que dijo; el púgil norteamericano no dio vueltas: “Esta vez no sólo voy a ganarte; voy a matarte”.
Siete mil 500 espectadores estaban presentes. El Madison Square Gardens explota.
Hasta el sexto round todo estaba a favor de Griffith, pero Paret no se daba por vencido. Era la guerra. Hasta que el norteamericano, sediento de venganza por recuperar el titulo pero más, por sentirse humillado a divulgarse su sexualidad, golpea a Paret con un potente gancho en la mandíbula. Una lluvia de puños fueron sucediéndose en el rostro del cubano. El referí, Ruby Goldstein, no paraba la pelea… dicen que el fantasma de muerte siempre ronda por los cuadriláteros. Sin embargo, hubo más muertos en el automovilismo, en el civilismo, en el rugby. Desde la óptica del Derecho, si un boxeador muere en un combate, podría haber lugar a una demanda civil, a lo que se conoce como la pérdida de la chance, que no es otras cosa que equiparar cuanto hubiera dado en dinero y otros factores la vida del fallecido. Es difícil de comprobar.
Sucede que tampoco se puede demandar por lesiones ya que no morir en el ring, si se respeta el reglamento, no configura en delito.
La victoria de Griffith fue recibida en silencio. Paret fue sacado moribundo en camilla. Tieso, pálido en su piel morena y cubana. En el hospital Roosevelt le diagnosticaron conmoción cerebral. La operación duró más de dos horas. Paret murió a los pocos días. Dicen que es difícil descifrar que se entiende por nocaut, que en realidad se sabe muy poco acerca de qué es. Paret falleció a causa de un traumatismo encéfalo craneano menor en el cerebro. Esto suele ocurrir cuando la cabeza se mueve muy rápidamente debido a un golpe recibido.
Griffith dijo que no sabía que la pelea había terminado. Aceptó que estaba dominado por la furia: “Paret me insultó”.
La culpa es un elemento de carácter legal que se comete por negligencia, -que es hacer de menos- o impericia o imprudencia,-que es hacer de más-.
Hace meses atrás, Griffith, La Pantera Negra, ahora de casi 70 años de edad, recordando la muerte de Paret, dijo que el referí debió para el combate. Alejado del boxeo desde que el argentino Carlos Monzón lo vencieran en el año 1973, -década de oro del boxeo mundial –confesó su condición de homosexual hace diez años atrás. Dicen que al primero que le contó ese secreto a voces fue a su ahijado Benny, el hijo de Bernardo “Benny Kid”... cosas lindas del boxeo, y de la Pantera Negra… y algo Rosa.